En una era en que las máquinas pueden generar respuestas a cualquier pregunta, ¿qué permanece específicamente humano? La respuesta reside en la capacidad de formular las preguntas correctas. Pensar con prompts propone una inversión: en lugar de preocuparnos de que las máquinas piensen como nosotros, deberíamos preguntarnos cómo podemos pensar mejor con ellas.
Si Hipnocracia es el diagnóstico de nuestra condición—el trance algorítmico que disuelve el límite entre verdadero y falso—Pensar con prompts es el método de navegación. No promete el despertar del trance, sino el movimiento consciente dentro de él: habitar simulaciones como se habita un sueño lúcido, sin pretender desenmascararlas pero sin dejarse poseer por ellas tampoco.